Ir al contenido principal

Entradas

IMPREVISTOS

Como suspendida en el aire, en un momento cualquiera pero consciente de mi existencia, mi mente comenzó a buscar a gran velocidad entre las escasas imágenes que conformaban el archivo visual de mi memoria, una especie de historial de vivencias marcadas todas con un mismo significado que terminaba confirmando, pero en este año que se termina surgió un imprevisto: por primera vez sentí en carne y hueso que mi vida era prestada, que un movimiento en falso bastaba para que ya no pudiera estar y abrazarla.   Intento recordar los motivos por lo que llegué hasta aquí con mi vida, de irme a vivir a Italia y del Etna trayéndome de vuelta, de intentar suicidarme a que me salvara el hombre de mi vida para que naciera Ella. De aquella carrera que no terminé y que me llevó a otra para afianzarme con fuerza y experiencia durante casi 20 años. De armar y desarmar valijas. De emprender. De perder. De Encontrarme. De llorar mares y reír cielos. De despedir a mi abuelo. De aceptar su ausencia. De no...

FRÁGIL

  “La vida es una frágil rama que se mece sobre un abismo”. - Zapatos italianos (2006) de Henning Mankell Nada absolutamente nada me preparó para este momento, éstos últimos días han sido un cúmulo de emociones, emociones adversas principalmente, sin embargo ha habido de todo, y siento que se me acaba el tiempo y también las fuerzas. Hoy me sentí débil y cobarde a pesar de toda esa seguridad emocional que intento transmitir, este miedo está tan a flor de piel que se quiebra con la primera copa de vino, con un abrazo o con un “te quiero” telefónico. Cómo te explico éste miedo a no regresar para verte crecer, éste dolor asfixiante de pensar en cómo te puedas sentir si yo no estuviera ahí para un gran día de tu vida, de no estar ahí para sostenerte cuando se te venga el mundo encima. O de que me olvides, quizás. Nada absolutamente nada me preparó para este momento, estoy tratando de encontrar las palabras para poder explicarlo. Cómo te explico que ya sé que esto es parte de la ...

ETIQUETAS

La historia está llena de héroes que nunca llegaron a los libros, personas que lucharon por sus familias y que son recordados en sus casas porque ni siquiera en la puerta de al lado conocen su historia. Yo conocí a uno de esos héroes, lo conocí a la mitad de su vida, lo conocí en su retiro y en su mejor faceta, lo conocí sabio y con una fortaleza que derribaba paredes –si se lo proponía-, un ser que se ubicaba después del prójimo para cuidarte la espalda, un padre atento, un abuelo que predicaba con su ejemplo. Un soñador.    Pero mi vida adulta, además de años me trajo ver que a aquel soñador se le escapaban los días entre los dedos, un ser incapaz de abrir los puños y desperdiciar los minutos pensando «qué hubiese pasado». No, él no se guardaba nada, y si lo hizo, fue por cordialidad. La letra con la que escribía sus días comenzaba a torcerse, por lo que sintió la necesidad de poner un punto y aparte. Se acercaba a esa parte de la vida en la que cada decisión construye un re...

LOS OBEDIENTES

Son las doce horas de un día laboral que parece inacabable, llevo mi cuerpo vestido y mi cincuenta por ciento de cara también, transitando el centro al reencuentro con unos clientes.  Subo y bajo escaleras, hasta la calle, vamos todos sincronizados a un reloj imaginario, que no marca horas, marca ritmos cardíacos. Somos rápidos porque la cabeza nos dice que llegamos tarde, así que obedecemos.  Cientos de semejantes se cruzan, unos corriendo, otros más despacio, hay tanta gente con planes, con prisa y precisión que apenas puedo moverme y todo se vuelve una lucha de pisotones en busca de espacio libre en un campo de batalla casi pegajoso.  Al cabo de un rato proseguimos la marcha de las botas, y llegamos a otro lugar donde se concentra el gentío. No entendemos nada hasta que el oído nos trasmite una vibración que nos impulsa a agitarnos. Esa vibración es música, un loquito con  Seven days in sunny June de Jamiroquai en sus parlantes que parece encantarnos. La música e...

RUTINA

Otro día más que termina, así como las ansias de verte que al paso de las horas se nublan con rapidez, se pierden entre las estrellas, y elijo perderme con ellas para por fin entregarme a tus brazos. Hoy no quiero tu compasión, no me cures las heridas. No hables, no hablemos. Eso nos distrae de lo urgente. Posa tu cabeza sobre mis piernas mientras escuchamos aquella misma canción. Un último indulto a la melancolía del fin del día, de la jornada agria, lejos de tus labios, de tus manos, de tu olor. Matemos al día, olvidemos la rutina y las preocupaciones, que el alma –dicen- no entiende de riquezas ni bondades. Y a mi corazón -si te soy sincera- únicamente le importan los orgasmos. Contigo.  

DOMINGO

Domingo de esporas. Como en los viejos tiempos, café y whiskey. Sobre el tejado. Pero sin el cigarrillo en la mano. Sin la resaca del día anterior. Sin una corta historia que contar. Sin el bar de siempre. Pero creando una historia, una historia larga. Llena de cariños, anécdotas, casualidades, perversiones. A más no poder. Sé que es un domingo de esporas aunque no las pueda ver. Un domingo melancólico. Por la falta de libertad. ¡Pero con el sueño del viaje! ¡Nuestro día! Puedo oler el café de tus labios. Escuchar tus pies descalzos. Se que ha llegado el momento... Con solo pensarte sonrió, me excito, me emociono. Taquicardia le llaman. Deseo le dicen. ¡Yo digo que es cariño! Todo el que provocas. Tus clavículas, tu abdomen, tus piernas, tu par de labios. No habrá orden. Domingo de pecado. No hay reglas. No hay limitaciones. Bueno una, en tus manos por unos momentos.  ¡Siente mi placer! Que los fluidos se unan. Que nuestras manos también. ¡Que buen café! Que hermoso domingo. ¡Mi am...

ESOS DÍAS

“Cuando nos invade la pena, un día dura tanto como tres otoños. ”  Lê Thanh Tông   Ella sabía que era feliz, lo sabía y se sentía triste. Ni siquiera las gotas frías de la ducha alcanzaron para alejar tanto cansancio acumulado en su mente y bajo sus párpados. Sus entrañas le mandaban la felicidad a través de sus nervios y su cara estaba indemne. Tristeza y felicidad convivían en su sólo cuerpo. Se miraba en el espejo y solo recibía la peor versión de la tristeza a través de unos ojos irritados de tanto llorar sin lágrimas. Una mirada de lástima recorre cada uno de los huecos de agotamiento tratando de recordar la causa, mientras el café se enfría y queda olvidado sobre la mesa junto a las aspirinas. La televisión encendida, en silencio y las persianas bajas. Duele el sol, duele el aire, duele la vida. Esos días.