Vos, yo y un resultado.
Miedo.
Miedo de saber,
miedo de certeza.
Ensordecidos te
sostengo, me tienes de pie a tu lado con armadura, lanza y espada para
cualquier batalla. Me tienes, te tengo.
Dolor.
Duele verte así.
Duele la vida que no planeamos.
Y me alejo.
Me alejo para
cobijarte.
Me alejo para
reservarte mi existencia.
Me alejo para
amarte cada segundo y en cada latido de tu corazón.
No es fácil alejarse
del mundo, ni siquiera por un momento, con todas sus exigencias, su ruido y su desorden.
Me alejo para meditar
sobre la vida que no soñamos, para subordinar la voluntad y ordenar las
prioridades.
Me alejo por
respeto al silencio y dedicarme a escucharte.
Me alejo para protegernos
del exterior y ofrecerte oxígeno puro para tus pulmones.
Me alejo por
respeto al tiempo, y acá el tiempo pasa lento, tanto que casi no existe, pero
llevo conmigo reservas de paciencia para soportar más de un berrinche y de una
puteada.
No es fácil. Nadie prometió
lo contrario.
Me alejo para
construir una fortaleza que abrace mi cuerpo y así mantenerte a salvo.
Me alejo para al
fin romper la pared de la cobardía y la impotencia.
Me alejo para que
no se me olvide que la fe viene de Dios y no de charlatanes.
Me alejo del mundo
pero me quedo con vos, hasta el fin y para siempre.
